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La frase es de Miguel Peirone, sociólogo especialista en Integración Latinoamericana. El desafío, asegura, está en la educación.
Mendoza estalló de turistas el fin de semana, y no pocos mendocinos se sintieron "invadidos" por la multitud que copó las calles de la ciudad. La convivencia con más de 43 mil turistas –en su mayoría chilenos– no fue fácil, al parecer, para algunos de los "anfitriones" de la Copa América. El viernes, un grupo de alumnos de nivel secundario arrojó piedras a varios hinchas de la selección chilena en la plaza Independencia.
El lamentable episodio hizo empañar cualquier esperanza de mantener la buena convivencia entre las diversas culturas durante todo el campeonato. También reflejó, según los especialistas, la intolerancia que por estas horas sienten muchos mendocinos ante el extranjero, sobre todo, ante el oriundo de Chile.
"La violencia simbólica –que se arrastra desde hace varias décadas–, tiene varias razones dignas de ser analizadas", según explica Miguel Peirone, sociólogo y especialista en Integración Latinoamericana: "La sociedad mendocina tiende a aislarse y a ser elitista en muchos aspectos; y, con el chileno, el síntoma se agrava porque todas las fronteras generan tensión y porque hay matrices del pensamiento fuertemente construidas durante años entre ambos países".
"De 5.000 kilómetros de frontera entre Argentina y Chile sólo funciona adecuadamente el paso Cristo Redentor. Es una locura", graficó. Según Peirone, el mendocino promedio es "excluyente y xenófobo, especialmente con el chileno" y argumentó que este fuerte sentimiento no se vincula a una diferencia futbolística ni de historia bélica. "Más allá de que hay 150 años de historia complicada, la cual es muy difícil de solucionar de un día para otro, tendemos a segregar al diferente, al que no se nos parece", dice.
Claro que el conflicto no es unidireccional, sino que se comparte con el país vecino, lo cual empeora más aún la situación. "El chileno tampoco avanzó en políticas de integración fluidas con Argentina. Por ejemplo, Michelle Bachelet volvió a abrir relaciones con Bolivia y no se lo perdonaron. Desde allá también se alimenta esta intolerancia. El chileno también es algo aislacionista", explicó el sociólogo.
"El proceso de integración latinoamericana que se vive en estos días no se cumple como debería en Argentina. Aún nos identificamos más con un europeo que con un latino", agregó Peirone. No obstante, el sociólogo asegura que el episodio ocurrido en la plaza mendocina "puede ser capitalizado y quizás genere la necesidad de que entre todos comencemos a trabajar, en serio, en la integración". Para lograrlo, Peirone señala la educación en casa y en las escuelas como "la piedra fundamental para un verdadero cambio".
Fuente El Sol |